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Más sobre internet y periodismo digital Publicado: 3 de julio de 2007
El poder a las masas
Por Diego Rottman * Web 2.0 y prosumidores. ¿La Web 3.0 será la de las decisiones corporativas consensuadas con los internautas?
Por más que la etiqueta "Web 2.0" esté gastada, sería necio negar los cambios culturales que están detrás de esta denominación. Más allá de los diseños despojados, la tecnología AJAX (que recarga datos sin necesidad de recargar una página) o el software operado desde un navegador, lo que cambia con esta nueva generación de Internet son los usuarios. En más de una década ya se puede hablar de una renovación demográfica: los niños de los ’90 son los dueños de las puntocoms de hoy. Pero también los veteranos de la Red fueron adquiriendo nuevas destrezas, animándose cada vez a mayores interacciones. Si al principio el usuario medio se limitaba a leer páginas y mandar emails (espectador), luego comenzó a tener tibias intervenciones en chats, foros, y luego en blogs (participante), después se animó a comprar en una tienda virtual (consumidor) para finalmente, en muchos casos, tener su propio blog, subir sus videos o vender sus productos en un sitio de subastas (productor). En los medios tradicionales el editor cumple la función de gatekeeper [1], un filtro que define qué noticias se publican y cuáles quedan afuera en nombre de lo que la gente quiere. Ahora este proceso se invierte: los lectores de las versiones digitales de los medios impresos deciden con votos, comentarios y visitas cuáles son sus noticias preferidas y señalan la agenda informativa del diario del día siguiente. Pero hay más: en España con Menéame y sus clones y en EE.UU. con Digg se construyeron comunidades que definen democráticamente qué noticias deben ser destacadas y cuáles no. No hay periodistas en esta selección. Los lectores parecen saber muy bien qué les interesa y votan positiva o negativamente las noticias propuestas por otros lectores. Y se van construyendo nanomedios temáticos: noticias de astronomía, de perros o de música electrónica agrupadas y jerarquizadas. Por supuesto que estos sitios tienen un dueño, alguien que instala el programa, administra el hosting y paga las cuentas. Pero lo trascendente es que allí sus criterios valen como los del resto (o a veces menos). El responsable de Digg trató de impedir la publicación de un código que rompía las restricciones antipiratería de los HD-DVDs y sus propios usuarios se le volvieron en contra, a punto tal que tuvo que retractarse y volver a publicar contra su voluntad lo que un desconocido había escrito en su propio sitio. Otro ícono 2.0, Facebook, tuvo que retractarse de una nueva funcionalidad, al comprobar que 500.000 miembros firmaban un petitorio pidiendo desactivarla de sus espacios personales por considerar que violaba su privacidad. Y el pasado 27 de junio YouTube debió echarse atrás con la eliminación de la navegación por categorías cuando sus usuarios reaccionaron con enojo. Parece ser que cuanta más participación tienen los navegantes, más participación demandan. Y cuántos más son (y hablamos de millones de personas), más poder tienen. Digg, Facebook y YouTube se alimentan del contenido generado por sus usuarios. En algunos casos, como Metacafe o el mismo YouTube ya se les está empezando a pagar por sus contribuciones. ¿Será la próxima etapa, la Web 3.0, la de las decisiones corporativas consensuadas? * Diego Rottman es director del portal Periodismo.com; su blog es Malas Palabras. Algunos enlaces fueron colocados por el autor, otros enlaces y las negritas corresponden al editor de PeriodismoEntreRíos.com.ar. Notas[1] NdR: traducción literal "portero" |
